Una cicatriz frustró la venta de un recién nacido por 2.000 euros en un hospital

Una cicatriz frustró la venta de un recién nacido por 2.000 euros en un hospital

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A la madre gestante, de 28 años, le hicieron viajar a Don Benito (Mérida, España) desde Rumanía, su tierra natal. Como la propia pareja, también rumana, pero residente en esta localidad pacense, donde idearon un calculado plan para -a través de un vientre de alquiler- quedarse en propiedad con el niño recién nacido. El ingreso de la madre gestante iba a seguir los cauces reglamentarios en el propio hospital, donde el parto tuvo lugar la madrugada del martes. Hasta el centro sanitario se desplazó el supuesto padre, de 42 años, que deambulaba por los pasillos, como cualquier otro en su situación si no se hubiera conocido el frustrado desenlace, mientras que su verdadera mujer, de 43 años, esperaba ilusionada en el domicilio de la pareja. El trato se había acordado tres meses antes en Rumanía. Pero todo se fue derrumbando poco a poco.

Por: El Mundo

La práctica de la gestación subrogada está prohibida en nuestro país por la Ley 14/2006 lo que conlleva a que los españoles que quieren acceder a ella -llamados padres de intención- se vean obligados a viajar al extranjero. El caso aquí lo protagoniza, en cambio, un matrimonio rumano. Llevaba intentando tener hijos sin éxito desde hacía ya años, como demuestra la tarjeta sanitaria de la mujer no gestante, y que fue la que la embarazada presentó en su ingreso. No la suya. Los tres terminarían detenidos tras el parto y descubrirse la farsa.

Además, ha sido detenido un hombre de 30 años, hermano del supuesto padre, que también viajó a Rumanía traer a España a la joven embarazada. Los cuatro pasarán hoy a disposición del Juzgado de Primera Instancia e Instrucción número 1 de Don Benito.

En un principio, todo parecía marchar a la perfección: el viaje pagado de la mujer embarazada hasta Don Benito, más una suma por el alquiler de su vientre de 2.000 euros; los dolores de parto que le hacen ingresar en el hospital Don Benito-Villanueva, y el padre acompañándola. Pero todo se vino abajo en una madrugada que se les terminaría haciendo eterna, con la madre gestante en la habitación del parto bajo custodia policial. Y el matrimonio, en comisaría.

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