La historia del estadounidense Kevin Mitnick, uno de los grandes hackers de la historia - LaPatilla.com

La historia del estadounidense Kevin Mitnick, uno de los grandes hackers de la historia

Gracias a sus habilidades en ingeniería social, Mitnik se burló desde los colectivos de su ciudad hasta de grandes corporaciones; asegura que nunca se llevó dinero ajeno y que su único impulso fue el conocimiento. (Foto: AP/Damian Dovarganes)

 

En el “olimpo de los hackers” aparecen nombres como el de John Drapper, que logró engañar al poder con un silbato de juguete; y el de George Hortz, que recientemente tuvo un paso fallido por Twitter pero que es reconocido por haber vulnerado por primera vez a los iPhone. En esa escena también está Kevin David Mitnick, considerado por un cronista del New York Times como “el pirata informático más buscado de todo el ciberespacio”.

Por TN





¿Quién es Kevin Mitnick, una de las figuras más conocidas en la escena hacker?

El hombre que ahora se acerca a los 60 años de edad, desde muy joven ya usaba sus habilidades para conseguir ventajas engañosas. En Un fantasma en el sistema, una autobiografía que publicó en el 2011, Mitnik recuerda que de pequeño viajaba sin pagar en los buses de Los Angeles, California, donde pasó su infancia. A diferencia de otros, él no se colaba en el transporte o se escondía del “chancho”, tal como acá se llama a los inspectores.

En cambio, Mitnik había descifrado el modo en que se perforaban los boletos según el día de la semana, compró una maquinita para hacer agujeros y así comenzó a burlarse del sistema. Ya adulto, fiscales convencieron a un juez que este hombre era capaz de “iniciar una guerra nuclear simplemente silbando en un teléfono”.

Un 15 de febrero, Mitnick fue capturado por el FBI y paso 5 años tras las rejas, incluyendo ocho meses en una celda de aislamiento.

Kevin Mitnick, el genio de la ingeniería social

El superpoder de Mitnik siempre fue más el ingenio que la ingeniería. En otras palabras, sus habilidades como hacker consistieron más en manipular a personas y sistemas, que vulnerar con ardides demasiado técnicos. A esa capacidad se la llama ingeniería social y la conocemos de cerca: un ejemplo clásico es un correo (o un timbrazo, en casa) de alguien que se hace pasar por un representamte de una empresa para llevarse, por caso, información de otro modo inaccesible.

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